A mis 42 años he tenido mucha caídas,
muy pocas de ellas me han servido en la vida, soy un esposo y padre tratando de
mejorar cada día, tratando de ordenar mi vida hace no muchos años, debo
agradecer a mi familia por ser el principal impulso.
Dentro de este caminar he podido
conocer personas muy especiales que han marcado mi forma de ser, mi juventud,
mis costumbres... personas que con su apoyo y comprensión han sabido mantenerme
en una lista de amigos a pesar de los bipolares estados de ánimo de este
servidor. Los que están mas cerca (casi a diario) han podido gozar/sufrir de
esto.
Comprendí que la madurez no se
alcanza con los años ni con las experiencias sino que vamos madurando de a
poquitos, gramo a gramo con cada situación que nos toca. En este camino he
podido herir sentimientos, provocar lagrimas de gente cercana y muy cercana, y
aunque el corazón sabe que no fue con intención el cerebro piensa que existe razón,
no podemos regresar a su estado un papel arrugado, no podemos reparar un vidrio
roto, pero si podemos construir uno nuevo desde su materia prima para darle
forma y embellecerlo , el trabajo es tan arduo y pesado que a veces puedes
pensar que no vale la pena, que lo echo, echo está, pero solo las ganas de
revivir las emociones maravillosas, reencontrarnos con los sueños, con las
canciones y alegrías, con las risas espontaneas y el cariño mutuo, las que
logran destruir el orgullo y la desazón, esas ganas nos convierten en humildes,
en seres de carne y hueso.
Para mí la vida tiene sentido a
partir de ser la felicidad y alegría de los demás, muy pocas veces lo he
logrado, tal vez con una canción, tal vez con un chiste, tal vez con un abrazo,
tal vez con un beso, a veces se me
olvida, en serio se me olvida.
Saber que el tiempo es cruel y
que se debe aprovechar cada segundo es importante, saber que no siempre
estaremos, saber que si no nos acercamos ahora con un "lo siento"
puede ser muy tarde después.
Un árbol sin hojas solo muere si
se mata de raíz, pero puede renacer con
un ciclo nuevo, con un viento fresco y lluvia bondadosa, un árbol sin hojas sigue
siendo un árbol, sigue estando vivo queriendo reverdecer.
Manuel Francia
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