jueves, 6 de febrero de 2014


A mis 42 años he tenido mucha caídas, muy pocas de ellas me han servido en la vida, soy un esposo y padre tratando de mejorar cada día, tratando de ordenar mi vida hace no muchos años, debo agradecer a mi familia por ser el principal impulso.

Dentro de este caminar he podido conocer personas muy especiales que han marcado mi forma de ser, mi juventud, mis costumbres... personas que con su apoyo y comprensión han sabido mantenerme en una lista de amigos a pesar de los bipolares estados de ánimo de este servidor. Los que están mas cerca (casi a diario) han podido gozar/sufrir de esto.

Comprendí que la madurez no se alcanza con los años ni con las experiencias sino que vamos madurando de a poquitos, gramo a gramo con cada situación que nos toca. En este camino he podido herir sentimientos, provocar lagrimas de gente cercana y muy cercana, y aunque el corazón sabe que no fue con intención el cerebro piensa que existe razón, no podemos regresar a su estado un papel arrugado, no podemos reparar un vidrio roto, pero si podemos construir uno nuevo desde su materia prima para darle forma y embellecerlo , el trabajo es tan arduo y pesado que a veces puedes pensar que no vale la pena, que lo echo, echo está, pero solo las ganas de revivir las emociones maravillosas, reencontrarnos con los sueños, con las canciones y alegrías, con las risas espontaneas y el cariño mutuo, las que logran destruir el orgullo y la desazón, esas ganas nos convierten en humildes, en seres de carne y hueso.

Para mí la vida tiene sentido a partir de ser la felicidad y alegría de los demás, muy pocas veces lo he logrado, tal vez con una canción, tal vez con un chiste, tal vez con un abrazo, tal vez con un beso,  a veces se me olvida, en serio se me olvida.

Saber que el tiempo es cruel y que se debe aprovechar cada segundo es importante, saber que no siempre estaremos, saber que si no nos acercamos ahora con un "lo siento" puede ser muy tarde después.

Un árbol sin hojas solo muere si se mata de raíz,  pero puede renacer con un ciclo nuevo, con un viento fresco y lluvia bondadosa, un árbol sin hojas sigue siendo un árbol, sigue estando vivo queriendo reverdecer.

 

Manuel Francia